Volver

Ya no es mágico el mundo

Lic. Viviana Valenti - Almafuerte

 

“La dicha que me diste y me quitaste debe ser borrada, lo que era todo tiene que ser nada.

Solo me queda el goce de estar triste” (Borges, “ 1964”)

 

Quizás nadie mejor que un poeta puede describir lo que es “ la pasión triste “ o melancolía, ese afecto que tiñe el mundo con una especie de oscuro desencanto, carente de esa magia que es necesaria para sorprendernos en el acontecer de lo cotidiano.
Un filosofo llamado Spinoza definía la tristeza como “ una pasión del alma”.

Lo cierto es que en la tristeza hay un saber existencial : el que esta triste “sabe” ( y lo sabe todo el tiempo) de su desvalimiento y desamparo ante el fin de las cosas ( “ todo se termina” ) e incluso, el fin de su propia existencia. La tristeza lo “mortifica” desconectándolo de la vida, “disminuyendo la potencia de actuar del cuerpo”.


Precisamente esa lentitud motora y la tristeza junto a una serie de síntomas

( fatiga, trastornos del dormir, anorexia, pensamientos de muerte recurrentes, perdida de placer o interés, etc) conforman lo que para la psiquiatría constituye un cuadro de depresión.


Sin embargo muchas veces se observa que hay pacientes que, si bien no están afectados por un cuadro depresivo (psiquiátrico), presentan sentimientos de depresión o tristeza que sobrevienen como una reacción o respuesta ante una situación particular en la que, por lo general, los mismos han sufrido una perdida. En estos casos decimos que la causa de ese afecto depresivo es un duelo. Freud precisamente explica la melancolía  o la depresión como un proceso de duelo.


Un duelo es en principio un proceso normal y no se refiere solamente a la muerte de un ser querido; el duelo lo es también ante cualquier cosa que la persona signifique como perdida: por ejemplo, separación de una pareja, partida de los hijos del hogar, un quiebre económico, la menopausia, desempleo, etc. Como podemos anticipar el duelo también es un proceso intrínseco a cualquier cambio ya que este requiere “ perder” un estado actual para pasar a otro.

 

Esta travesía dice Freud no es exenta de sufrimiento y se pegunta porque le ocasiona tanto dolor y tristeza a quien la realiza. En principio responde que, por un lado, el hombre no abandona de buen grado aquello que le dio placer; y por el otro el duelo implica un trabajo de elaboración psíquica que requiere de mucho gasto de tiempo y energía (lo que explica por que alguien que esta tramitando un duelo o una depresión no le quede un “ resto “ de interés o ganas para hacer otras cosas): en el trabajo del duelo lo que se perdió en la realidad tiene que perderse en el psiquismo, esto es, la carga afectiva que estaba ligada a lo que se perdió tiene que “ desprenderse” para poder dirigirse hacia otras metas. Si esto falla , se produce un enquistamiento o duelo patológico, que podrá ser reactivado por cada situación nueva de perdida ocasionando los afectos implicados en un duelo ( tristeza, desolación, sentimiento de soledad, culpa, etc.)

 

Un caso como ejemplo:

ELLA consulta porque se siente deprimida: tristeza, llanto continuo, pesimismo, desgano e insomnio son sus principales síntomas. La causa de su pena es el inminente “ corte” que piensa darle a una relación en la que lleva 10 años, con un novio adicto y violento. Dice que viene a la terapia para poder “ prepararse”  antes en su cabeza  para la separación.

Después de algunas sesiones aparece algo interesante: ELLA descubre que lo que más la deprime no es perderlo a él, sino lo que pierde al dejarlo, esto es el proyecto de formar una familia y tener un hijo con él. Pero hay más...un día tras recordar pasajes de su infancia en compañía de su  padre (también adicto y muerto en la actualidad) se da cuenta de algo que la entristece todavía mucho mas el haber “perdido” la ilusión de poder salvar al novio de las drogas; paradójicamente a esto era lo que mas le costaba renunciar así como todavía no podía dejar de culpabilizarse por no haber “salvado” al padre.

 

El tratamiento de ELLA consistió fundamentalmente en poder tramitar esos duelos, en especial el duelo por la muerte del padre, lo cual le permitió salir de su cuadro depresivo y resolver su situación de pareja.

 

Con frecuencia llegan al consultorio pacientes que se sienten “deprimidos”, “desganados” o “des-vitalizados”, desconociendo los motivos que ocasionan tal malestar; la terapia entonces puede resultarles algo “tediosa” ya que implica un esfuerzo de trabajo adicional para descubrir las causas y elaborar los duelos por las perdidas en juego.

Tal vez la apuesta a efectuar como terapeuta es la de propiciar un espacio para que se de un viraje desde la “tristeza” ( penar por lo que se perdió) hacia el sentimiento contrario que es el “ entusiasmo” ( alegría  por lo que hay), esa magia que nos permite de alguna forma “re-encantar” el mundo. Es por eso que para concluir quiero dejarles unas palabras de quien considero es un gran “entusiasta”:
“ Los bordes del tablero se van llenando de peones y caballos comidos, pero vivir es tener los ojos clavados en las piezas que siguen en juego” (Julio Cortazar, “Los premios”)