Capacidades de los...¿discapacitados?
Karina Vimonte (Los Alphas)
“Festejemos la diferencia, es lo que nos da cuenta de que todos somos maravillosamente únicos”
A menudo se define a las personas discapacitadas en términos de sus limitaciones. “No puedes” es una frase que ellos aprenden desde muy pequeños. Si se los considera como seres humanos totales se puede afirmar sin temor a equivocarse, que es más lo que pueden hacer que lo que no. En los últimos años en algunas instituciones que trabajan, por ejemplo, con jóvenes con discapacidad mental, se han abierto espacios en los que se procura realizar actividades relacionadas con lo artístico, con la expresión y la comunicación. En su mayoría, estas actividades se han agrupado en diferentes talleres sustentados en los intereses particulares de los mismos jóvenes y en las inquietudes de los docentes por utilizar nuevas estrategias de motivación.
Desde mi propia experiencia, llevo dos años trabajando junto a ellos, puedo afirmar que al plantearse lo artístico en las personas con discapacidad mental, el imaginario de la sociedad tiende a pensarlas y tratarlas como seres que no son capaces de crear algo valioso o trascendente.
Pero a mi entender, en la práctica, la discapacidad pasa a ser una diferencia más, como la que puede presentar cualquier artista desde su singularidad.
Cuando se trabaja únicamente con las áreas o funciones dañadas se obtiene una visión parcializada y a la vez limitada del sujeto. La persona queda así reducida a lo que le falta. De esta manera, la discapacidad asume el valor total de la personalidad y se observa al sujeto en función de su carencia, en vez de tener una mirada integral y global del individuo.
Lo cierto es que cada uno de nosotros en su "especialidad" es por lo tanto un particular collage de capacidades y discapacidades, de habilidades y torpezas, de grandezas y miserias. Pero esa apertura del ser que nos constituye, hace que no podamos predecir el resultado final de lo que podemos dar de nosotros mismos.
Esas capacidades y discapacidades se modifican y alteran con el transcurso del tiempo, somos una combinación diferente de posibilidades cuando somos bebés, niños, adolescentes, adultos y ancianos, y en cada uno de esos momentos somos sin embargo los mismos y a la vez distintos.
Vincent van Gogh, figura destacada en la historia de la pintura, era un enfermo mental que padecía trastorno de la personalidad, trastorno bipolar, epilepsia y esquizofrenia paranoica. Ludwig Van Beethoven, uno de los más importantes compositores de todos los tiempos, era un discapacitado sensorial, cuyas últimas obras, incluyendo su famosa Novena Sinfonía fueron concluidas cuando ya se había quedado completamente sordo. Franklin Delano Roosevelt, presidente de Estados Unidos entre 1933 y 1945 -los años más difíciles de la historia de su país- era un discapacitado físico que, víctima de la poliomielitis, no podía caminar. Marlee Matlin, sorda desde los 18 meses, se convirtió a los 21 años en la actriz más joven premiada con un Óscar de la Academia por su interpretación en la película Hijos de un Dios menor. Chris Burke, es un discapacitado psíquico, padece el síndrome de Down y es editor de la revista Upbeat y actor.
Asimismo Einstein fue un niño con retraso en el aprendizaje del habla y Hyden creó “El Mesías” estando ciego.
Es así entonces que la palabra discapacidad no es algo que afecta al sujeto en su totalidad, “lo que marca” es la mirada “de los otros”, que lo encuadran en la categoría de lo diferente.
Asimismo, en el último tiempo, son numerosas las empresas que han asumido la responsabilidad de tener empleados discapacitados y su experiencia ha sido muy positiva. De esta forma quedó demostrado como la integración laboral de estas personas no tiene por qué repercutir sobre la productividad.
El único "secreto" consiste en encontrar el puesto más adecuado para cada trabajador y adoptar las medidas necesarias para asegurar que se desenvuelvan con la mayor autonomía posible en su puesto de trabajo. Las ayudas de las administraciones públicas para esta adaptación, así como la aplicación de tecnologías específicas, facilitan enormemente la superación de las barreras físicas.
A partir de mi experiencia realizada puedo asegurar que en el trabajo con ellos lo importante es alentarlos para que puedan creer en sí mismos y se animen a explorar y descubrir no sólo el mundo que los rodea sino también su propia interioridad.
Las personas con discapacidad no son diferentes en sus necesidades: esperan poder ser útiles y productivos; contar con un hábitat confortable;
acceder al bienestar emocional y físico; disfrutar relaciones, interpretaciones gratificantes; tener posibilidad de desarrollo personal, autodeterminación, inclusión social y cumplimiento de sus derechos.
Por lo tanto, en vez de advertir sus deficiencias, es tiempo de descubrir sus capacidades, la cuales son tantas o mayores que las nuestras, porque todos somos “especiales” y “diferentes”. Depende de dónde estemos instalados : en la platea o en el escenario del Teatro Colón; en las gradas de un circo o columpiándonos en un trapecio; frente a la TV o protagonizando una hazaña deportiva.
Es así que espero que las diferencias sean motivadoras del encuentro. Que las distancias sean vistas como vacíos fértiles y no como brechas. Porque…."Todos somos diferentes y la diferencia enriquece".