Las tres caras de la moneda
Javier M
Lo primero que se me ocurre cuando pienso en fidelidad es:
que mi mujer se acueste conmigo, solamente conmigo, y que cuando esté en la calle, en su trabajo o en alguna reunión social no coquetee ni seduzca a otros hombres.
Se me acusará que por ser hombre tengo "la idea fija", pero mas allá del ejemplo que utilizo hay en la oración anterior tres hechos que sintetizan eso que espero de mi pareja y que llamo "ser fiel":
el regalo (...se acuesta conmigo), la exclusividad (... solo conmigo) y la renuncia (...no coquetea ni seduce a otros).
El regalo es un gusto o complacencia que se recibe, es lo que espero mayormente que ocurra en nuestra relación, que mutuamente estemos regalándonos cosas que nos agraden: conversaciones, mimos, música, compañía, contención, salidas, risas, sexo, saberes, experiencias, etc. Cualquier cosa placentera que se reciba en una relación amorosa sana es un regalo. De hecho el amor en si es un regalo también.
Yo tengo varios familiares y amigos pero una sola pareja. Es una relación única porque algunas cosas ocurren únicamente entre nosotros dos, y con nadie más. Algunos sentimientos ocurren solamente con ella, lo mismo algunos proyectos e intenciones. Hay algunos "regalos" que recibo y son exclusivos para mi. Espero y necesito que así sea. Y de la misma manera algunos regalos los reservo únicamente para ella. Yo beso y abrazo a todos mis seres queridos, pero gran parte de mi intimidad sexual es una ofrenda que solamente mi pareja puede disfrutar; lo mismo con ciertas palabras que reservo para sus oídos.
Y por ultimo está la renuncia. No me di cuenta de esto hasta el momento de escribir este texto y conversarlo con otras personas.
Siempre que elegimos algo estamos NO eligiendo otra cosa. Si la elección se ajusta a nuestros valores e intereses eso que estamos NO eligiendo será de menor valor, y habremos "salido ganando".
Si una opción es claramente superior en valor a las otras la elección es sencilla y clara, pero a medida que las opciones tienen valores más o menos parecidos se hace mas conciente que al elegir una estamos renunciando a la otra. Por eso una elección es también una declaración: "esto que elijo vale más que todo aquello a lo que renuncio por elegirlo". Si nos quedamos los dos solos en una isla desierta y mi pareja dice "voy a estar con vos y solamente con vos" será un regalo agradable, pero no tiene el valor que la misma elección en una ciudad, donde elegirme implica renunciar a otros hombres.
No se si está bien, si es sano o es patológico, si es maduro o es infantil. Incluso puede cambiar con el tiempo, pero hoy creo que estos son los tres pilares de la fidelidad. Cuando alguno de ellos desaparece la fidelidad se rompe y el acuerdo que tenemos se extingue.
Creo que cada pareja es particular, y los regalos, las exclusividades y las renuncias son particulares también, forman un lenguaje único entre ellos: algunos prefieren las cartas de amor y otros las joyas; algunos necesitan que el sexo sea exclusivo mientras que otros no tienen problema en intercambiar parejas sexuales; algunos renuncian a tomar cerveza con amigos y otros renuncian a su libertad gastronómica para hacer dieta.
Pero si un miembro hace regalos que al otro no le agradan será similar a que no haya regalos, o peor, causaran distancia. Si un miembro reserva cosas exclusivas pero que no tienen valor para su pareja, esa exclusividad será irrelevante. Si un miembro hace renuncias sobre algo que al otro no le interesa, esas renuncias serán un esfuerzo inútil. Por eso aprender el lenguaje que el otro entiende es una tarea delicada y primordial, imprescindible para que la pareja exista. Si no aprendemos ese lenguaje (único para cada persona, nuevo para cada nueva pareja que formamos) no habrá manera que el otro perciba el amor que tenemos para regalarle.
En mi caso, ese amor es una moneda de tres caras.